“Atraer el turismo fue uno de los objetivos de la transformación gótica del antiguo barrio la Catedral de Barcelona a principios del XX”

Agustín Cócola documenta en el libro El Barrio Gótico de Barcelona. Planificación del pasado e imagen de marca hasta 40 intervenciones de principios del XX para reconstruir con estilo gótico el antiguo barrio de la Catedral

La Sociedad de Atracción de Forastero pretendía ya a principios del siglo XX crear una marca de ciudad para promoverla en el marco internacional del turismo

ENTREVISTA

Agustín Cócola experto en historia del arte y restauración de monumentos presentó en junio de 2010 su tesis doctoral en el Departamento de Historia del Arte de la Universitat de Barcelona y que ha dado lugar al libro El Barrio Gótico de Barcelona. Planificación del pasado e imagen de marca, publicado en julio de 2011 por Ediciones Madroño.“Cuando vine aquí me llamó la atención que el barrio Gótico tenía muchas partes que se habían reconstruido recientemente”. Cócola se documentó y efectivamente “constaté que se había restaurado una parte importante del barrio Gótico en el siglo XX” y observó que todavía faltaban edificios por investigar y se decidió a dedicar su tesis doctoral a la reconstrucción “gótica” del antiguo barrio de la Catedral. En el estudio analiza más de 40 intervenciones en este barrio y la calle Montcada.

¿Qué motivaciones llevan a las autoridades municipales y a la burguesía barcelonesa a querer transformar en estilo gótico el centro de Barcelona?

El origen de la idea de crear un “barrio gótico”, es decir reconstruir con estilo gótico el antiguo barrio de la Catedral, surge del nacionalismo catalán. Todos los nacionalismos europeos tienen la Edad Media como su época gloriosa. Esto es así porque la burguesía como clase social nace en la época medieval y el nacionalismo es un producto de la Revolución francesa y de la burguesía. Por lo tanto, si el origen de una nación está en la Edad Media, Catalunya fue una potencia política en el Mediterráneo en aquella época, hace falta demostrarlo visualmente en la arquitectura del centro histórico y borrar todos los elementos posteriores y presentarlos en su forma ideal medieval y así se demuestra una continuidad histórica de la nación.

Con todo, no es el único factor a tener en cuenta, puesto que a finales del siglo XIX el distrito de Ciutat Vella estaba muy abandonado y degradado. De hecho, el Eixample se construyó para poder tener una ciudad nueva que evitara los problemas de salud, humedad, higiene y masificación que tenía el casco antiguo, del cual la burguesía barcelonesa estaba deseando salir. Para mejorar esta situación, a finales del siglo XIX y principios del XX se empieza a planificar la reforma interior por “sanear” la ciudad antigua.

Como parte de la reforma interior, se inicia la apertura de la Vía Laietana, el 1908, que supuso la destrucción de todo el que había a su paso. Con todo, el Ayuntamiento se guardaba el derecho de conservar y trasladar edificios antiguos que considerara que tenían interés histórico. Esto también influyó en los planes de reforma interior puesto que se recogió una cantidad ingente de material de interés histórico cosa que provocó debate de qué hacer y dónde reubicarlo. En 1912, se había acabado de reconstruir la fachada de la catedral y se apostó por “adecuar” el entorno del templo para que tuviera una apariencia más “gótica”: con la transformación de edificios con otro estilo (a partir del añadido d’elementos “medievalizantes” como por ejemplo puertas, ventanas, columnas o reconstrucción de espacios para imitar un supuesto original) o bien traslado de edificaciones originales.

El otro factor que determinó la reconstrucción “gótica” del barrio de la catedral es la importancia económica que adquiere el turismo, no como lo entendemos ahora masificado y de “sol y playa”, pero si uno elitista y cultural que quería redescubrir las ciudades antiguas. A principios del siglo XX el centro histórico de la ciudad estaba demasiado degradado para atraer turismo. De esta manera las obras para “medievalizar” el centro histórico se pudieron justificar como una inversión que serviría para atraer los turistas y, por lo tanto, las obras no serían a fondo perdido. En 1908 nace la Sociedad de Atracción de Forasteros (SAF) en Barcelona, la primera organización turística de todo el Estado. Acogía políticos y empresarios locales que exigían la reforma interior y hacerlo desde un punto de vista artístico de todo el barrio que le dotara de atractivo.

Al mismo tiempo, también había corrientes de restauración que apostaban por “reconstruir” los edificios para que se pareciesen lo más posible al original y para eliminar cualquier señal de intervención posterior.

Hoy en día reconstruir un edificio está prohibido. Sólo está permitido en caso de que se haya destruido un edificio en época guerra. Hoy mismo todo esto está prohibido a partir de la Carta de Atenas (1931) pero en aquel momento era habitual y aceptado, aun cuando había debate al respeto. A finales del siglo XIX y principios del XX era habitual intentar recuperar la forma más antigua, la que se consideraba que era su estilo “original”, eliminando todos los añadidos posteriores.

Por lo tanto, si un edificio se construyó el siglo XV pero ha sido transformado a lo largo del tiempo, a principios del XX la restauración consistía en sacar todos los añadidos posteriores a la Edad Media y recuperar una supuesta apariencia “original” añadiendo elementos, puertas, ventanas y todas las formas típicas de la arquitectura medieval. En realidad la historia es muy heterogénea y recuperar edificios “originales” de la época medieval, transformados en el siglo XVII y XVIII, anula la heterogeneidad de la historia. El objetivo es presentar una Edad Media inalterada, lo cual es irreal.

Con todo, en Barcelona se siguió trabajando de esta manera hasta casi los años setenta cuando era una forma de proceder que ya se había descartado en la resta de Europa. El que hace más particular el caso barcelonés es que la “reconstrucción” del casco antiguo afecta a una parte considerable de todo el barrio y hasta los años setenta.

En los años veinte, el historiador, Agustí Duran i Sanpere, indicó, irónicamente, cuando hacía pocos años que se había instaurado el nombre de Gótico para el antiguo barrio de la Catedral, que podría recibir el nombre, para ser más exactos, de “barrio renacentista” porque la mayoría de los edificios emblemáticos que había eran renacentistas. Curiosamente, con el tiempo, él se convirtió en uno de los directores de las obras y él junto con Adolf Florensa fue uno de los encargados de transformar las obras renacentistas y recuperar la fábrica “original” gótica. En los años cincuenta él mismo elaboró una de las primeras guías turísticas del barrio Gótico diciendo que este barrio medieval de la ciudad y que no tenía modificación posterior.

No hay actuaciones similares en el resto de Europa?

Edificios transformados a otro estilo hay a toda Europa pero sólo en Barcelona se llega a modificar un barrio entero y hasta una fecha tan reciente. Durante el régimen franquista en el Estado español se realizaron reconstrucciones de edificaciones en un estilo que se correspondiera con el del “pasado glorioso” español, que situaron en la época de los Reyes Católicos y la Reconquista. Se realizaron hasta los sesenta, aunque se trata de monumentos concretos no de barrios. Con todo, el único caso que conozco que afecta a una parte tan importante del centro antiguo de una ciudad es el caso de Arezzo, cerca de Florencia y Siena, que durante la dictadura fascista de Mussolini transformó su núcleo histórico para competir en atractivo turístico con las ciudades vecinas.

Cuando llega el franquismo, hay una fractura ideológica, pero las obras para transformar el centro siguen inalterables, ¿cómo se entiende ?

El origen de la reconstrucción es un proyecto nacionalista pero que se puede financiar y justificar a través de la industria turística. Cuando llega la dictadura franquista ya se habían iniciado las obras y algunas llevaban hasta diez años y Ciutat Vella seguía siendo un espacio degradado que se quería sanear. Desde el punto de vista de la atracción de turismo, el proyecto seguía teniendo sentido y una ciudad como Barcelona no se podía permitir tener un centro degradado. Por otra parte, cualquier monumento puede tener muchos significados y, evidentemente, durante el franquismo nunca se hizo una exaltación de la nación catalana ni de su época como potencia.

Durante la democracia, ¿ha habido continuidad con este proyecto de reforma urbanístico que pretende hacer atractiva la ciudad al turismo?

Si, obviamente, por esto hago una diferenciación clara entre el interés puramente económico de la burguesía cuando quiere transformar el centro con un objetivo turístico y el interés ideológico de la burguesía nacionalista para la construcción de identidad. Son dos elementos que se agrupan en muchos casos, pero que se pueden disociar también. Como ciudad inserida en un sistema capitalista, el desarrollo para entrar en el mercado turístico de capitales es continuo desde finales del siglo XIX. La función de la reconstrucción como propaganda ideológica se modifica en relación al momento histórico, pero estos cambios no paran el desarrollo capitalista por lograr un atractivo necesario, independientemente del significado que le queramos dar a las obras realizadas.

Un enfoque hacia el turismo que es una forma de concebir Barcelona muy actual

Cuando realicé la búsqueda me sorprendió que los documentos y publicaciones de la Sociedad de Atracción de Forasteros usaran un lenguaje muy actual: crear una marca de ciudad, promover la ciudad en el marco internacional y remodelar la ciudad de manera atractiva. También se quería crear un clima de seguridad, de hecho, ya se hablaba de civismo. Parece que esta visión sólo sea posible actualmente, pero a principios del siglo XX ya era una realidad.

Antes, como ahora, la seguridad en el centro es un factor de competitividad en el mercado turístico, y su conflictividad era negativa por atraer turistas. Tal y como ha pasado ahora con las revueltas árabes que han hecho desplazarse el turismo a otros lugares más tranquilos.

A principios del siglo XX, al centro vivía la clase obrera y era un espacio combativo y conflictivo. Durante aquellos años tuvo lugar la Semana Trágica del 1909 y fueron los años del pistolerismo, reflejo del conflicto entre obreros y burguesía. En este contexto, la reconstrucción y la reforma interior formaban parte de un proyecto burgués de ciudad que se presentaba como el de toda la población. Como ejemplo de esto, el vicepresidente de la Sociedad de Atracción de Forasteros, Frederic Rahola, publica el libro “Catecismo de ciudadanía”, en el que se describen cuáles deben ser las conductas de un buen ciudadano, lo que implica aceptar el proyecto del Ayuntamiento y de la burguesía como proyecto de todos.

Las dos exposiciones universales de Barcelona (1888 y 1929) tuvieron importancia para dar a conocer la ciudad en el ámbito internacional y son muestra de la preocupación de las autoridades locales de principios del XX por difundir la ciudad a nivel turístico.

El Fòrum de las Cultures de 2004 y las Olimpiadas de 1992 recogen la herencia y la tradición de la ciudad de participar o crear grandes acontecimientos que aceleran la circulación de capitales y la transformación urbanística de la ciudad. Con todo, la remodelación urbanística de las Olimpiadas de 1992 supera en magnitud a la de la exposición del 1929, aun cuando todo el mundo tenía claro que lo importante no era la exposición en sí, sino como aprovechar el acontecimiento para transformar la ciudad y una de estas transformaciones fue iniciar las obras del barrio Gótico.

Durante principios del siglo XX ya había protestas por la excesiva atención a la atracción turística a la hora de diseñar la ciudad.

El centro era una espacio marginal y, a la vez, combativo y que hacía falta remodelar de cara al turismo y de cara a la paz “social”. Este fue uno de los objetivos de la reforma interior y, claro, la población se daba cuenta que la estaban expulsando de dónde había vivido en aquel momento y protestaba. Por ejemplo, todos los edificios con viviendas del cercanos a la Catedral fueron desalojados para la creación de un entorno que estuviera también a la altura “gótica” del templo. Otros casos de ambientación los encontramos en la Plaça del Rei o Felip Neri donde se trasladaron edificios históricos de otros lugares para dejar un “paquete histórico y cultural” homogéneo.

Por ejemplo, cerca de 10.000 personas fueron desalojadas para hacer la Vía Laietana y protagonizaron episodios de chabolismo en Montjuic y en la playa de la ciudad que duraron hasta las Olimpiadas del 1992.

En el libro señalas que la reforma del Gótico tiene similitudes con las actuaciones realizadas con los parques temáticos históricos de los Estados Unidos de América.

Los parques temáticos históricos de los Estados Unidos pretenden construir un espacio de ambiente en apariencia antiguo para atraer consumo turístico y el objetivo coincide, en un aspecto general, con lo que se ha hecho en el Gótico. Las herramientas con las que se construyen los parques temáticos también han sido las mismas con las que se transformó del barrio: restaurar algunas obras o edificios en el estilo de la arquitectura original, trasladar edificios antiguos al recinto y, finalmente, elementos no antiguos se transformaron por darles una apariencia antigua y ambientar. Con todo, evidentemente hay diferencias: en un parque temático hay muy pocos edificios reconstruidos y el resto es nuevo y traslado de edificios de otras ciudades. Aquí básicamente son reconstrucciones: hay una obra original que se retoca, además de trasladar edificios enteros y “ambientar” edificios próximos de otros estilos.

El Museo Frederic Marès, dentro del barrio Gótico, es uno de los pocos monumentos que indica que ha sido remodelado recientemente. ¿Es un silencio intencionado o es falta de conocimiento sobre esta transformación gótica del barrio de principios del siglo XX?

La tesis analiza 40 intervenciones del barrio Gótico y de la calle Montcada que, en su gran mayoría, no eran conocidas y de las cuales no se había investigado al respeto. Hay otros edificios que sí que era público que han sido restaurados recientemente como por ejemplo la fachada de la catedral, el traslado del Museu d’Història de la Ciutat, el puente de la calle del Bisbe y algunos edificios de gremios de la Plaça Felip Neri. Estas intervenciones han sido estudiadas y aparecen a las guías. Del resto de intervenciones que se explican en el libro no estaban documentadas hasta ahora, y, por lo tanto, es normal que no se haga mención a las guías turísticas, no se puede afirmar que es un silencio premeditado.

Que esto se diera a conocer a las guías turísticas, ¿podría perjudicar el turismo?

En el libro he hecho la reflexión sobre que podemos explicar lo que se ha hecho en esta ciudad con el barrio Gótico porque igualmente los turistas lo van a consumir, por lo que no debemos preocuparnos. Y pongo el ejemplo que a los Estados Unidos, dónde no tienen historia urbana y medieval, y aun cuando la gente sabe que visita reproducciones cuando va a los parques temáticos históricos, siguen tendiendo miles de visitantes. Conocer las modificaciones recientes que ha tenido el barrio Gótico de Barcelona no tiene porque suponer ningún problema de cara al consumo turístico, si es esto lo que al Ayuntamiento le preocupa.

De hecho en el libro, resaltas que, en comparación a los Estados Unidos, en Europa hay cierta resistencia a reconocer que se ha podido modificar un centro histórico por interés económico.

En los Estados Unidos no tienen ninguna vergüenza en reconocer que recrean ambientes históricos por ganar dinero, como por ejemplo los parques temáticos históricos. Aquí en Europa no da buena imagen reconocer que la ética del mercado ha modificado recientemente el estilo de los monumentos históricos, pero, aunque no guste, es así.

En este mercado internacional de ciudades, ¿no hay la posibilidad de homogeneizar en exceso la oferta?

Las ciudades se repiten, la oferta es muy homogénea y por esto hace falta crear condiciones de competividad que sean difíciles de reproducir y una de estas es la historia, el patrimonio y la cultura. Se exalta la historia local como atractivo turístico porque si es de aquí exclusivamente no lo podrán reproducir en ninguna parte. Esta concepción también está dentro de le operación de remodelación del barrio Gótico. Con todo, si te refieres a lo que ofrecen los touroperadores como packs turísticos, efectivamente, es todo lo mismo. Si paseas por Barcelona no es exactamente el mismo que si lo haces por otra ciudad europea, pero lo que se ofrece es una experiencia muy homogénea. Por esto las ciudades intentan explotar al máximo su identidad para ser competitivas.

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