“El populismo punitivo empezó antes del 11-S, pero desde entonces existe barra libre”

Entrevista a Iñaki Rivera, director del Observatorio del Sistema Penal y los Derechos Humanos de la Universitat de Barcelona.

Articulo publicado en Diagonal Periodico 5 de febrero de 2006. Enlace directo reportaje: “El populismo punitivo empezó antes del 11-S, pero desde entonces existe barra libre”

Iñaki Rivera es profesor de Derecho en la Universidad de Barcelona y director del Observatorio del Sistema Penal y los Derechos Humanos. Autor y coordinador de diversos informes, como Populismo Punitivo. Análisis de las reformas y contra-reformas del Sistema Penal en España (1995-2005), cree que en la actualidad “se trata de tocar las fibras más sensibles de la población para producir un consenso social y aplicar políticas represivas en materia penal y policial, judicial, penitenciaria, administrativa y de inmigración”.

DIAGONAL: En el informe se comenta que algunos gobiernos legislan a golpe de titular de prensa.

IÑAKI RIVERA: Primero hace falta infundir alarma social entre los ciudadanos, meterles miedo y después ya vendrán las diferentes administraciones para aportar soluciones represivas que serán inmediatamente aceptadas por una población asustada de antemano. El populismo punitivo crea una sensación de emergencia y de gran inseguridad a partir de algún hecho concreto, para que sea mucho más fácil convencer a la población de que se necesitan medidas excepcionales y no ordinarias para combatir la situación que ha generado la alarma. Un buen ejemplo son las cerca de 20 reformas del Código Penal español de 1995, el ‘código de la democracia’, en una dirección muy clara de endurecimiento penal, reducción de beneficios penitenciarios, criminalización de movimientos sociales y creación de nuevos delitos. Pero, aun cuando se han producido en su mayoría bajo el Gobierno de Aznar, no es una tarea desarrollada exclusivamente por la derecha: más del 90% de estas reformas han sido aprobadas con el voto favorable del PSOE.

D.: Muchas veces se sitúa en los atentados del 11 de septiembre en EE UU el origen de políticas neoconservadoras cada vez más represivas.

I.R.: Es muy anterior, empieza con los cambios de la política criminal norteamericana en los años ‘70. En esta década la población penitenciaria de EE UU era de más de 300.000 presos, una proporción equiparable a la europea, y actualmente tienen 2.000.000, muy por encima de lo que ha crecido el total de la población estadounidense. Las políticas penales han trasladado a su ámbito lo que ya ha pasado en política, que ha girado hacia un mayor conservadurismo. Se tiende a fortalecer el castigo penal, a privatizar las prisiones o a reintroducir la pena de muerte. Resulta escandaloso cómo crece el business penitenciario, que hace negocio no a partir del delito sino del control del mismo. Todo esto es consecuencia de que en EE UU se ha renunciado definitivamente a rehabilitar a los presos a partir del sistema penal liberal y de las penas privativas de libertad en particular. La finalidad histórica de la reinserción y reeducación ha sido abandonada y sustituida por otra de neutralización y eliminación del enemigo.

El pensamiento que sostiene el populismo punitivo se crea en los denominados think tanks. Éstos, a los que de alguna manera intenta imitar la Fundación para el Análisis y Estudios Sociológicos (FAES) ligada al PP, son fundaciones privadas que intentan transmitir la ideología de los partidos conservadores. Uno de los primeros fue el Manhattan Institute, fundado en los ‘80 por Rudolph Giuliani, quien después sería el alcalde republicano de Nueva York. Este sistema de fundaciones privadas y grupos de presión está difundiendo conceptos como ‘tolerancia cero’ por todo el mundo, también en Europa. Existe una clara vinculación entre la globalización, la organización financiera y transnacional de la economía y la producción de un derecho penal y un control punitivo más intenso. Si la mundialización es el proceso de norteamericanización del planeta para construir un mercado único y global, tenemos que prestar mucha atención a los sistemas penales que se fabrican dentro de EE UU, porque antes o después llegarán aquí.

Algunos consideran que la regresión de las libertades durante el Gobierno de Aznar ha sido específicamente española, pero esto no tiene nada de genuino. El endurecimiento penal español es la traducción doméstica de la política criminal de EE UU. Por ejemplo, cuando Aznar decía aquello de “España va bien”, era sólo una traducción de una célebre frase de Ronald Reagan y Bush padre e hijo, “America works” (América funciona). Muchas de las políticas del Gobierno del PP no tienen nada de nuevo ni de original. Esta política penal no se rige por la tradicional división entre derechas e izquierdas, sino que la izquierda se ha plegado a esto, como es el caso de Schröder, Blair, etc. Por eso, al final del estudio nos preguntamos: ¿podrá Europa resistir la tentación penal y punitiva?, ¿caeremos víctimas de la importación de la política penal de EE UU? El populismo punitivo empezó mucho antes del 11-S, pero evidentemente desde entonces existe barra libre, por todo el proceso de involución y restricción de las libertades.

D.: ¿Cuáles son las causas para generar alarma social en la estrategia del populismo punitivo?

I.R.: Se intenta introducir en la sociedad una mentalidad bélica para solucionar los conflictos a partir del concepto de ‘enemigo’, una palabra clave en el pensamiento de uno de los grandes ideólogos del régimen nazi, Karl Schmidt. A partir de este concepto se edificó todo el derecho penal de la dictadura hitleriana: al enemigo ni se lo readapta, ni reintegra, ni resocializa, sencillamente se le abate, se le mata, se le vence, se le destruye. El populismo punitivo traslada al sistema penal una lógica militar y de guerra. Los enemigos que se crean son muy diversos, sólo tenemos que mirar lo que está pasando en Ceuta y Melilla para ver cómo se intenta que parezca necesario emplear instrumentos militares para solucionar un fenómeno político-social como el de inmigración. Otro de los temas es el del terrorismo, un ‘enemigo’ global, sin cara y que no se puede combatir con la lógica tradicional de la guerra, sino que necesita una ‘guerra difusa’ y global que implica una regresión de derechos civiles.

La pobreza también se construye como enemigo, al pedir mano dura contra ella. Hace no muchos años, en el mundo occidental la pobreza era atendida por el Estado social, pero hoy esto está siendo sustituido por un Estado policial, militar y penal. Desgraciadamente, también podemos encontrar cierta connivencia con los postulados del populismo punitivo entre determinados sectores del feminismo que optan, para solucionar la violencia de género, por hacer una apelación cada vez mayor y de manera exclusiva a herramientas penales, punitivas y represivas. Y se hace con la ilusión, creo que falsa, de que dará más respeto al derecho de las mujeres.

Privatización encubierta

D.: ¿En qué consiste la privatización de las prisiones que empezó en EE UU y que se está extendiendo en Europa?

I.R.: La privatización penitenciaria se ha exportado a todos los países europeos y también a varios países iberoamericanos, donde hay asesores norteamericanos haciendo negocio. La privatización es un proceso muy largo que se inicia con la externalización de determinados servicios como la vigilancia, la comida, la construcción de prisiones, los servicios médicos, etc. Imagina que en Cataluña hay una sola empresa que se encarga diariamente de hacer el catering para más de 8.000 personas: todo un negocio. Aquí no se explicita claramente que se ha privatizado la gestión de las prisiones, sino que se dice que se ha firmado un convenio con una entidad mediante el cual se le da la gestión de una actividad que antes era sólo pública. Este proceso es una realidad en España y muy especialmente en Cataluña, la única comunidad autónoma con plenas competencias en temas penitenciarios.

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