Hacia la igualdad entre hombres y mujeres en los países de mayoría musulmana

Hacia la igualdad, articulo publicat a Canvi 16 el 30 de setembre de 2007 i reproduït a Webislam.

Los países de mayoría musulmana y las comunidades islámicas que viven en Occidente se debaten entre los diferentes caminos para conseguir la igualdad entre el hombre y la mujer en un contexto hostil y de discriminación, siempre desafiando la amenaza del integrismo.

“Es muy difícil generalizar sobre la situación de la mujer en los países de mayoría musulmana. Sin embargo, se puede afirmar que existe una importante discriminación con limitaciones de acceso a la enseñanza, al trabajo o a la libre movilidad, a causa de una estructura familiar tradicional que aún tiene mucho peso”, afirma Ndeye Andújar, vicepresidenta de la Junta Islámica Catalana (JIC).

El honor y el miedo son elementos claves para mantener el machismo. El honor lo pierde el marido y la familia cuando la mujer rompe con la invisibilización, encerrada en casa, a la que está condenada. El miedo es el que tienen las mujeres que quieren salir de esta situación por la brutalidad de la represión que se aplicará contra ellas y contra todos los que la ayuden. “La división del espacio entre hombres y mujeres llega a ser tan dura en algunos países que cuando vas a un comercio y te atiene un hombre, no te mira a los ojos”, afirma Lidia Falcón, histórica feminista española y una de las primeras en denunciar la ablación del clítoris.

Evidentemente, hay países en los que la situación es mejor. Ndeye Andújar pone como ejemplos Malasia, que cuenta con un cierto pluralismo político, y Marruecos, que es precursor del nuevo código de familia, Al-Mudawana, uno de los menos discriminatorios de estos países aunque todavía tiene puntos negativos. Tienen más complicaciones las mujeres en Arabia Saudí, Afganistán, Pakistán y en el África Subsahariana. “Túnez tiene una constitución aconfesional, como la que tenemos en España, que consagra la igualdad entre el hombre y la mujer y donde incluso hay un Instituto de la Mujer. En esta sociedad tienen el acceso garantizado a la educación, al trabajo o a viajar libremente. Además, está prohibida la poligamia y la mujer que se divorcia está en una situación de igualdad, no como en otros países islámicos en los que la institución del repudio permite al marido echar de casa a la mujer sin ningún derecho y sin ningún bien material”, afirma Falcón.

La histórica feminista también cita estados como por ejemplo Turquía, totalmente laica desde los años veinte del siglo pasado y donde la mujer tiene, en comparación, más derechos, y el Irak de Saddam Hussein, una dictadura de tipo laicista, “donde la religión tenía poco peso” y en la cual las iraquíes “podían trabajar en todas partes”.

Laico o islámico

El gran debate dentro del feminismo en los estados de mayoría musulmana se establece entre las mujeres laicas y las islámicas. Las primeras sitúan el origen de la discriminación en la religión y “la absoluta y asfixiante presencia que tiene en muchos de estos países”, como afirma Lidia Falcón. Las religiosas, en cambio, creen que es posible reinterpretar el Islam desde una perspectiva de igualdad de género.

Falcón indica que es el Corán el que establece una clara discriminación de la mujer respecto al hombre. “El texto sagrado de los musulmanes establece que un hombre se puede casar hasta con cuatro mujeres siempre que las atenga de la misma manera. O también que el hombre puede pegar a la mujer siempre que sea con una vara no más grande que la distancia del pulgar y el índice de la mano y nunca en la cara. Todo esto, en el siglo VIII, cuando a las mujeres las compraban y vendían como esclavas podía suponer un avance porque ponía unos límites, pero ahora resulta totalmente inadmisible”, dice Falcón. Para ella el problema radica en que estos países no separan su religión de la política “lo que les condena al atraso”, señala, “porque es la religión la que marca la vida de la gente y la que mantiene el machismo”.

Para Ndeye Andújar el feminismo islámico permite defender los derechos de la mujer y seguir siendo musulmana, “el adjetivo islámico no es más que una contextualización porque no se puede actuar igual en Egipto que en Noruega”. Acusa un sector del feminismo europeo de “paternalista” y de pensar “que la única manera de liberarse es tener valores occidentales”. El feminismo islámico “es una respuesta democrática y musulmana al crecimiento del integrismo religioso en los años noventa en países como por ejemplo Irán, Argelia, Líbano, Malasia, Nigeria y Pakistán, que pretenden restaurar unos códigos de familia, que regulan unos derechos de la mujer, enraizados en una
perspectiva patriarcal”, afirma Abdennur Prado, presidente de la JIC, y añade que está muy relacionado con el diálogo interreligioso y “la necesidad de reinterpretar las religiones en la modernidad”. Este movimiento “hace que sea compatible la igualdad con el deseo mayoritario de las poblaciones musulmanas de regirse por sus propias leyes”, añade Prado.

Para la difusión de esta corriente de pensamiento “la JIC ha organizado en Barcelona los dos primeros Congresos Internacionales de Feminismo Islámico para visibilizarlo, sobre todo en Europa, donde sólo se conocía la versión laica del movimiento”, dice Ndeye Andújar. En el primero, el 2006, se dio base teórica al movimiento. En el segundo, celebrado este año, se abordaron temas concretos como los códigos de familia discriminatorios, la poligamia, la desigualdad en el divorcio o la custodia de los hijos y se realizaron lecturas del Corán con una perspectiva de igualdad de genero.

Ilustración para el Islam

Las laicas como Ayaan Hirsi Ali, una política holandesa de origen somalí -exmusulmana que huyó de su país en el que le habían practicado la ablación del clítoris y le habían concertado un matrimonio contra su voluntad – indica en su libro “Yo acuso” que la todavía importante presencia de la religión en la vida pública, social y política de los países musulmanes limita la libertad de la mujer y no permite crear pensamiento crítico ni que triunfen movimientos democráticos ni, por lo tanto, el feminismo. Añade que el Islam necesita una Ilustración y que los musulmanes que viven en Europa pueden contribuir en la renovación que, según su opinión, necesita esta religión. Ndeye Andújar no coincide con este análisis, aunque reconoce que el uso fundamentalista que hacen de la religión los sectores ultraconservadores es uno de los obstáculos para la igualdad de la mujer. Al mismo tiempo, denuncia la connivencia de diferentes potencias occidentales con los regímenes más retrógrados, como el de Arabia Saudí.

Lidia Falcón coincide, en ese sentido, que hay un proceso de radicalización integrista en estos estados. “El mundo islámico de ahora no es el mismo que hace treinta años, lo que ha llevado a gobiernos que eran tolerantes hacia el integrismo”, dice Falcón y critica duramente a los EEUU por haber financiado a los talibanes de Afganistán contra la guerrilla comunista de ese país, cosa que, en su opinión, ha facilitado la extensión del integrismo islámico. “Hace treinta años las que llevaban velo en Egipto y en Marruecos eran una excepción, mientras que ahora pasa al revés porque si no lo haces te llaman puta por la calle y te miran mal”, dice Falcón. Las feministas islámicas le dan al velo un valor, siempre que sea voluntario, identitario, mientras que las laicas creen que es símbolo de sumisión.

Encierro identitario

“Las continuas denuncias de cuán retrógrado es el Islam no funcionan y no cambian nada”, es una de les bases de la argumentación del feminismo islámico según comenta Andújar. Para ella este discurso negativo es contraproducente y puede potenciar la islamofobia y que las comunidades musulmanas se encierren en ellas mismas ya que rompe todos los puentes de diálogo. Pone como ejemplo del trabajo en positivo que propone el caso de Nigeria, donde una asociación de feministas islámicas, Baobab, ayuda a las mujeres a evitar la lapidación a partir de un bufete de abogadas que se basa en la sharía para impedir esta práctica. “Se usan preceptos propios del Corán, como el que dice que ha de ser superior el perdón al castigo, para parar las lapidaciones”, indica la vicepresidenta de la JIC.

“Se trata de evitar el encierro identitario que no sólo han hecho los musulmanes sino también, por ejemplo, los españoles, que emigraron a Alemania”, dice Prado. “Es sintomático que cuando las familias musulmanas inmigradas viajan en verano a su país de origen, los jóvenes que viven en Europa pueden tener una visión tan conservadora del Islam que chocan con la visión más liberal que tienen los jóvenes de ese país”, dice Ndeye Andújar. Aún así, Andújar señala nuevos puntos de diálogo y colaboración entre los dos feminismos “las laicas se han dado cuenta de que se puede usar el Islam, como cualquier otra religión, para la igualdad, y las islámicas reconocen la gran labor de las laicas en el desarrollo de los derechos de las mujeres.”

El papel de los hombres

“Los hombres también participan del feminismo pero tienen una posición incómoda. Si reclaman demasiado los derechos de las mujeres, los ultraconservadores los atacarán y presionarán para que se exilien, y para ser útiles no pueden crearse enemigos”, afirma Ndeye Andújar. “No aceptar como hombre musulmán el papel que tienes asignado es una línea de pensamiento incipiente que se ha de trabajar para que se sepa que el feminismo es positivo para todos”, afirma Abdennur Prado, que presenta al sudafricano Naeem Jenna como uno de los referentes masculinos del profeminismo islámico.

Activismo feminista

Lidia Falcón destaca que en muchos casos “las feministas de esos países viven en el exilio porque están amenazadas”. Le egipcia Nawal Alsadawi vivió muchos años perseguida, pero ahora está en su país, en la Asociación de Mujeres Egipcias. Mariam Sirouz, presidenta de la Asociación Democrática de Mujeres de Irán, fue detenida y ahora mismo está desaparecida. La escritora bangladesí, Taslima Nasreen, “no puede volver a su país porque está condenada a muerte por describir las atrocidades de hindúes y musulmanes contra las mujeres”, indica Falcón. Por su parte, los miembros del grupo feminista laico afgano, Rawa, “todas están en París y sólo ahora se plantean
volver a su país par trabajar”, con lo cual ponen en peligro su vida. Piden cosas tan básicas como que las dejen trabajar, salir de casa, vestir como quieran, acceder a la enseñanza, al trabajo y que “no las maten”. En cambio, en Marruecos las feministas “pueden vivir, aunque con problemas” mientras que “en otros países están amenazadas de muerte”, dice Lidia Falcón.

En el caso del feminismo islámico, aparte del ejemplo de Nigeria, Ndeye Andújar habla del de Malasia, en el que la asociación Sisters in Islam es muy activa. Usa los medios de comunicación como plataforma para generar debate público alrededor de la igualdad de género y han conseguido cambiar algunas leyes discriminatorias. Además, tienen grupos de mujeres que estudian el Corán para reinterpretarlo desde una perspectiva igualitaria.

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