Sitges: el nacimiento de un destino turístico gay (hasta 1980)

Artículo publicado en el suplemento Destinos de la revista destinada al publico de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales, Zero, en diciembre de 2007.

REPORTAJE.

Sitges es, en la actualidad, uno de los destinos turísticos gay más destacados de la Europa Occidental y de España. Pero, ¿qué ha llevado a esta localidad catalana a convertirse en una meca del turismo gay a la que “peregrinan” miles homosexuales durante el verano procedentes de Europa Occidental y Estados Unidos? Este municipio costero catalán comienza a emerger como destino gay a finales del franquismo, en los años sesenta del siglo XX, cuando “el régimen se mostró tolerante en cuestiones de moral respecto a las costumbres del turismo” que venia a nuestro país, afirma Jordi Petit, histórico activista gay español, que pone otro ejemplo: la rígida moral nacional-católica transigió también con el bikini en aras del crecimiento económico a través del turismo.  

Los municipios turísticos, durante el franquismo, se convertían en “pequeñas islas de tolerancia, más que de libertad, donde los gays podían encontrar su espacio en el periodo estival”, indica Petit. El mismo añade el carnaval de Sitges como uno de los elementos que ayudó a crear esta atracción de los homosexuales por la ciudad. Su carnaval “tuvo la capacidad, en aquel momento, de integrar a los gays, que con la confusión propia de esta fiesta podían expresar su afectividad de una manera más libre”, afirma Petit.

A finales de los años cincuenta y principios de los sesenta se crearon los primeros locales destinados, aunque no explícitamente, al público gay, que siempre tuvieron a la policía encima y que soportaron cierres y redadas sucesivas. “Estos espacios de libertad, crean una fama y tienen un “efecto llamada”, una cadena que se retroalimenta y atrae a más gente”, afirma Petit. De hecho, en los sesenta Sitges ya aparecía en las guías gays internacionales. En este sentido, José Juan Lacaba, antropólogo social y autor del artículo Sitges y el carnaval gay: el turismo y sus nuevos peregrinajes, publicado en la revista Pasos, revista de turismo y patrimonio cultural en 2004, indica que “dentro de la cultura gay en Europa, hubo la necesidad de construir espacios o lugares de liberación y de creación de una comunidad”, como válvula de escape a la represión que padecían en sus lugares de residencia.

Un ambiente intelectual

Sitges ha sido un destino turístico internacional desde principios del siglo XX y ha tenido un marcado carácter cosmopolita, con infinitud de segundas residencias de los indianos (como se llamaba popularmente catalanes que habían emigrado a América para hacer fortuna y habían vuelto enriquecidos), en cuyas casas se celebraban numerosas fiestas privadas que dieron cabida a los gays.

Para Armand de Fluvià, otro histórico del movimiento gay en Cataluña y en España, “todo surge a partir de un ambiente artístico”. Coincide con esta idea Gonçal Sobrer, que abrió el primer hotel en el que se toleraba a gente explícitamente gay, “Sitges tienen una tradición de presencia gay muy antigua”. “Desde finales del siglo XIX y hasta la Primera Guerra Mundial vinieron muchos artistas gays a vivir a Barcelona”, afirma Sobrer, y Sitges se convirtió en la segunda residencia para muchos gays de buena familia de la capital catalana a los que sus familias querían mantener lejos del control social.

Esta localidad costera catalana, ubicada en la comarca del Garraf, tiene una tradición artística desde finales el siglo XIX. En Sitges vivieron importantes personalidades de la cultura, como Santiago Rusiñol o Ramón Casas, ambos pintores modernistas –un movimiento cultural muy importante en la Catalunya del siglo XIX- y que tuvo una de sus sedes en esta localidad. En este contexto se hicieron famosas las fiestas modernistas organizadas por Rusiñol entre 1892-1899, fiestas privadas que atraían a un importante número de artistas e intelectuales entre los cuáles se encontraba un numeroso grupo de gays. Un ambiente cultural que se ha mantenido hasta la actualidad, ya que en la localidad se pueden encontrar hasta treinta galerías de arte.

En los cincuenta y sesenta  del siglo XX muchos artistas homosexuales fijaron su residencia en Sitges, manteniendo su privacidad en reuniones de amigos o saliendo a locales como el Chiquito, que permitían la socialización homosexual según se indica en el apartado dedicado al carnaval gay -firmado por Toni Sella- del libro: Cinc mirades del carnaval de Sitges. Por su parte, Lacaba remite a otros elementos para explicar la tradición gay de la localidad del Garraf, como la cercanía a Barcelona que se convirtió en la ciudad donde se instalaron muchos homosexuales en los años cincuenta y sesenta para refugiarse de la dura represión del régimen, de los que muchos podían tener en Sitges segunda residencia.

Para los barceloneses y catalanes en general Sitges era un espacio de huida del control social, y también para los extranjeros ya que era un lugar donde ser anónimos y desinhibirse de sus habituales represiones.

El carnaval

“Los homosexuales también aprovecharon acontecimientos colectivos y festivos donde había una cierta tolerancia y trasgresión para no esconderse. Este es el caso del carnaval de Sitges dónde se podían expresar libremente su sexualidad”, afirma el antropólogo José Juan Lacaba. El de Sitges, que procede de la época medieval, era un espacio de libertad y desinhibición. Pese a que la dictadura prohibió este tipo de celebraciones, en la localidad catalana la gente seguía acudiendo a los bailes populares disfrazado o con máscara.

“Durante el franquismo venían muchos gays al carnaval. Me acuerdo que en los años setenta la Guardia Civil detuvo a un grupo de diez homosexuales vestidos de mujer, muchos de ellos lloraban y se les corría el maquillaje”, afirma Sobrer. Se refiere el ya retirado gerente del Romàntic al sonado caso de detenciones en el carnaval de 1973 en la discoteca Los Tarantos. Aquel incidente trascendió a la prensa y el diario Teleexpress y el Semanario Nacional de Sucesos hablaron de reuniones anuales de “violetas” (como llamaban a los homosexuales) que llegaban a Sitges de toda España por aquellas fechas para celebrar el carnaval.

En los primeros años de los sesenta, los gays se desplazaban hasta Vilanova i la Geltrú, una población muy cercana a Sitges, donde se reunía más gente en la calle, pero poco a poco se fueron trasladando a esta última donde la oferta de locales nocturnos era mayor. Con todo, y ante el peligro de ser detenido en los locales de ambiente, se realizaban a parte, reuniones privadas de amigos donde se bailaba, se jugaba a cartas y se charlaba.

A partir de la muerte del dictador comienza a gestarse un “carnaval gay” a parte del carnaval del pubelo, pero que va a durar pocos años por la presión del ayuntamiento. Los primeros años después del fin de la dictadura franquista, los domingos de carnaval se realizaba por la calle Bonaventura y Primero de Mayo una pasarela de travestis  que reunía a centenares de gays. Este tipo de encuentros se celebrarán hasta principios de los ochenta, cuando finalizan, ante las reticencias y presiones manifestadas por el consistorio de la localidad que no quería identificar al pueblo con el colectivo gay. A partir de ahí el “carnaval gay” se limitará a una serie de bailes y fiestas temáticas sucesivas en los distintos locales destinados a este público que coordinan sus convocatorias, y no tendrá el carácter público y de visibilidad del colectivo gay que tuvo los primeros cinco años de democracia.                                                                                                                      

Los primeros locales

Gonçal Sobrer fue propietario y gerente hasta hace diez años del primer hotel regentado por un gay que fue tolerante con la llegada del público homosexual: el hotel Romàntic que abrió sus puertas en 1958. “Trabajábamos con todo tipo de clientes, pero poco a poco comenzaron a venir más y más gays”, afirma Sobrer. “Sin buscarlo, el número de clientes gays se había ido incrementado gracias nuestro trato discreto y tolerante, una actitud que también tenían los clientes”, dice Sobrer. El hotel comenzó a ser habitual en las guías turísticas gays internacionales a partir de los sesenta y setenta.

Los primeros bares para público homosexual, que comenzaron a aparecer ya a mediados de los sesenta, son El Candil y el Comodín, y desde esa misma época la Playa del Muerto comienza a ser una zona de encuentro entre gays que aún existe. El Comodín tiene 50 años, surgió en 1957 de la mano de su entonces propietario Juan Tarrida. “La gente explica que bajo la dictadura se podía estar cogida de la mano o bailando juntos en este local, pero siempre alerta por si venía la policía”, afirma Iñaki Gómez, actual gerente del Comodín. Cada vez que se presentaba algún cliente nuevo cundía el pánico ante la posibilidad que fuera un policía encubierto. Y es que la homosexualidad se podía vivir en Sitges con mayor libertad, pero siempre con enorme discreción y expuesto a las redadas y detenciones.

Muerto el dictador, llega democracia, la legalización de las asociaciones gays y el fin de las redadas policiales en los locales de ambiente, lo que inicia una oleada de libertad. En Sitges los ochenta, que se comienzan con la apertura de la discoteca Trailer, se caracterizan por ser unos años de diversión y sexualidad a flor de piel de una comunidad gay que saborea la libertad y que dispone de un medio de comunicación propio, la revista Party, que narra la vida gay del momento – y anuncia los nuevos locales, publica portadas con desnudos masculinos y habla abiertamente de homosexualidad-. Pero la aparición del SIDA y la constatación de que la homofobia aún seguía en estado latente en la localidad -ya que en 1983 el ayuntamiento de Sitges, controlado en aquel momento por la derecha local comenzó a multar a los hombres que se besaban entre ellos- detuvieron la “fiesta”. Se había avanzado mucho, pero todavía quedaba un largo camino por recorrer.

Continua a “Sitges: el nacimiento de un destino turístico gay (1980-2008)

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