Transexuales en estado de euforia (de gènero)

REPORTAJE

Tras los últimos avances en las libertades y derechos para el colectivo lgtb, los y las transexuales están cogiendo protagonismo como una de las realidades más desconocida, menos aceptada y que vive en una situación más precaria su realidad. Ahora impulsada desde Barcelona por Guerrilla Travolaka y el Grup de Transexuals Masculins de Barcelona y con apoyos repartidos por todo el territorio español una parte del movimiento lgtb se decanta por la despatologización de la transexualidad, tal y como se manifestó en las jornadas “Deslegitimando el transtorno de identidad sexual” que tuvieron lugar en la capital catalana el pasado 17 de mayo. Pasando de la disforia a la “euforia” de género en un juego de palabras que sintetiza este cambio de filosofía del movimiento trans.

“Sobre transexualidad se ha hablado mucho y sobretodo los médicos y psiquiatras pero nosotros queremos hacer un discurso elaborado por el propio colectivo como sujetos políticos”, dice Miguel Missé de Guerrilla Travolaka y uno de los organizadores de estas jornadas. Para él este tipo de actividades y actos forma parte de una estrategia para llevar el debate a la opinión pública y a la que se unen diferentes acciones de protesta y visibilización como la manifestación del 6 de octubre y acciones delante del Hospital Clinic de Barcelona, que atiende a transexuales, o contra la homofobia. “Antes que la descatalogación de esta opción como un transtorno, nuestro grupo lo que quiere es crear un debate, un estado de opinión por el que la gente conozca esta realidad”, afirma Missé y indica que “muchas veces la gente se posiciona desde la falta de información”, por eso quieren participar en el debate técnico. “Queremos decir muy alto y muy claro que la transexualidad no es una enfermedad ni un transtorno y que tenemos que encontrar una vía de garantizar los derechos sanitarios del colectivo transexual que no sea su patologización”, afirma Sandra Fernández, del grupo madrileño La acera del frente.

Las jornadas se dividieron en tres ejes: la salud mental, la política institucional y el movimiento social. “Estamos muy satisfechos porque la sala estuvo muy llena de gente que no eran transexuales ni gente próxima, sinó personas que estaban interesados en este espíritu crítico o desde movimientos como los de la antipsiquiatría”, afirma Missé. La elección del día para esta jornada no ha sido casual: el 17 de mayo es el día internacional contra la homofobia y la transfobia porque ese mismo día del 1990 la Organización Mundial de la Salud descataloga la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales.

Inicios de un movimiento

Todo comenzó el año pasado cuando desde Barcelona, en una asamblea de grupos trans de ámbito internacional organizada por Guerrilla Travolaka, se propuso la celebración de una manifestación en contra de la patologización de la transexualidad. Se hizo coincidir con la acción de visibilidad de este colectivo que realiza el grupo francés Panteras rosas. Cada 6 de octubre desde hace 11 años y llamada Existrans (que pretendia visibilizar al colectivo). Finalmente, en 2007 se realizó la primera concentración en petición de la descatalogación de la transexualidad como un transtorno en el catálogo de enfermedades psiquiátricas de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“Esta es una lucha global” afirma Marina Collell, otra activista de Guerrilla Travolaka, y aunque las cifras reunidas fueron modestas: 400 personas en Barcelona, y unas 50 en Madrid, también hubo manifestación en Lisboa y París. Aunque valoran su éxito, no tanto en los números -“todos nos dijeron que seríamos cuatro”- sino que consiguieron apoyos de grupos como ICV o ERC, diferentes especialistas en psiquiatría y diversos colectivos lgtb.

La ley de identidad sexual, un avance con matices

Desde este colectivo tanto Collell como Missé reconocen que la ley de identidad sexual supone un avance que soluciona la papeleta a mucha gente que necesitaba una respuesta a su realidad. “Esta ley, pese a ser un avance, certifica legislativamente que los transexuales son unos enfermos que necesitan un certificado médico de disforia de gènero y dos años de tratamiento hormonal para ser ellos mismos”, afirma Collell.

“Consideramos esta ley discriminatoria por varios motivos: porque hace necesario un diagnóstico de disforia de genero, porque no están incluídos ni immigrantes, ni menores y porque, en la práctica, los dos años de tratamiento con hormonas (en el caso de los transexuales masculinos) acaba esterilizándolos, lo que ataca a los derechos reproductivos de las personas”, afirma Fernández. En este sentido, el reciente caso del transexual masculino canadiense que quedó embarazado seria un ejemplo de la opción que defienden.

“Al sexo no le corresponde ningún genero, ni que me tenga identificar con nada: ni con ser un hombre o una mujer sino que puede ser con una tercera o cuarta cosa. Esto descoloca mucho socialmente. Entonces la estrategia hasta ahora había sido decir que éramos enfermos en un sistema binario de género y entonces la gente nos ubicaba”, afirma Fernández que compara la lucha de los transexuales para salir del catálogo de enfermedades sexuales con la que hace treinta años protagonizaron los homosexuales.

“Cuando se inicia el proceso para obtener el diagnóstico de disforia de género te tratan a ti, pero hacen intervenir a tu familia, tus parejas, tus amistades. Un grupo de médicos analizan cómo vives en el genero que dices vivir, si usas el nombre en tu trabajo con tus amigos, que opción sexual tienes: es el llamado test de la vida real, pueder durar entre 4 meses y 4 años y que está marcado por unos patrones muy normativos. Por ejemplo un transexual homosexual puede tener problemas para conseguir el certificado”, afirma Missé.

“Estás en manos de un psiquiatra y a merced de sus categorias de género que un trans masculino gay tal vez no supera”, afirma el doctor en sociología por la Universitat Autònoma de Barcelona, Gerard Coll-Planas. Para el professor universitario, la “relación entre la persona trans y psiquiatra/psicólogo está llena de tensiones, resistencias y ambivalencias”. En este sentido, Marina Banús, activista de Guerrilla Travolaka, puso como ejemplo gráfico en su ponencia el pasado 17 de mayo la “aterradora película TransAmérica, en la que una chica trans quedaba atrapada por los ideales de familia de su psicóloga, que la chantajeaba con no dejarle operarse si no resolvía sus problemas con su hijo”. Por su parte, Coll analiza los resultados de la  Unitat de Gènere de l’Hospital Clínic que desde 1986 emite los certificados de disforia de género y describe como se inicia el proceso para obtener en primer lugar para descartar otros trastornos psíquicos, y se les somete a estrictos controles para “verificar” su realidad. También critica el hecho de que este duro proceso lleva a que algunes transexuales se autohormonen como única forma de conseguir obtener su identidad, al no superar los controles establecidos.

“Hay una parte del movimiento transexual para el cual ésta ley era su objetivo y se muestran satisfechos con su consecución, y está claro que es un avance, pero es una norma que no protege a todo el colectivo. La gente que se identifica como trans y no quiere seguir determinados procesos no cabe en esta ley. En la actualidad hay gente que no se quiere tratar u operar”, indica Missé. El tratamiento: un proceso duro, violento y que no todos superan afirma los activistas de Guerilla Travolaka. “Para mucha gente parece obvio que la transexualidad tiene que dar lugar al cambio quirúrgico de sexo, porque se supone que te tienes que adaptar tu cuerpo a las normas social de género, pero nosotros lo que planteamos es romper con esta asociación entre cuerpo, identidad y comportamiento social”, afirma Collell.

Para los miembros de la Guerrilla Travolaka lo ideal seria la libertad total para poder ponerse el nombre que se quiera sin tener en cuenta las limitaciones de género y que se eliminara del DNI la referencia al sexo.  “Propugnamos la abolición del articulo 54 del código civil que dice que te puedes cambiar el nombre siempre que no induzca a confusión de género”, afirma Collell.

Libertad para construir tu propio cuerpo

“Actualmente hay muchas personas que están modificando sus cuerpos a partir de operaciones de cirugía, no sólo los transexuales. Creemos que las personas tienen derecho a modificar su cuerpo para formar su identidad, aunque al mismo tiempo también consideramos que se deben de acabar las presiones sociales que llevan a que quieran modificarlo”, afirma Missé. Para este grupo hay que respetar la libertad individual sin que nadie haga de policia de nadie, aunque se pueda dar información y asesorar “en Alemania, si quieres abortar tu tienes un trabajador social que te informa de las opciones, pero su opinión no es vinculante y tu decides” pone como ejemplo. “La medicina está para que tú te desarrolles, no sólo para tratar enfermedades. Por ejemplo, después de una operación de cáncer de pecho nadie pone en cuestión que se asuma por la sanidad pública la reconstrucción del pecho extirpado”, afirma Missé. “Para ser atendido en la salud no necesariamente se debe de estar enfermo como ocurre con muchos otros colectivos”, afirma Collell.

En este sentido, la ponencia del psiquiatra Manel Baldiz resalta que si bien el punto más delicado es la aceptación (o no) de la demanda de que cualquier sujeto pueda acceder a la cirugía con el fin de cambiar de sexo. Esta situación se responde a partir del hecho de que ésta limitación se produce sólo en el caso del cambio de sexo pero no de cualquier otra modificación del cuerpo que es totalmente libre. Se convierte al Estado en garante de un cambio de sexo y no de cualquier cirugía estética que afecte al resto del cuerpo.

Con todo, Guerrilla Travolaka critica las presiones de género de las que los transexuales sólo son la punta del iceberg  en una societad que sólo contempla la existencia de hombres y mujeres, y que genera problemas  desde el momento en el que no todos se adaptan  a estas dos únicas normas. “La diferencia entre hombre y mujer es una construcción social que siempre se ha apoyado en la biología pero la propia naturaleza demuestra que esta división simplifica una realidad más compleja, como ponen de manifiesto los intersexuales”, dice Collell.

Trabajo con políticos y con la OMS

Una de las principales luchas es conseguir que se descatalogue como enfermedad, aunque consideran que esta posibilidad está aun lejana. Actualmente está presente en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10) que establece la Organización Mundial de la Salud, que está en proceso de revisión,  y en el Manual diagnóstico de los trastornos mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM IV).

En su estrategía se encuentra, al mismo tiempo que establecen una crítica a las posturas actuales, el plantear puntos de negociación con administraciones y psicólogos y psiquiatras para exponerles sus planteamientos. De hecho han mantenido contactos con diferentes partidos politicos de àmbito español y catalán. “Cada vez despertamos más respeto y simpatía y la gente nos tiene más en cuenta” afirma Collell que recuerda las primeras reacciones a sus posturas “que hace un año no eran entendidas”. Para el próximo 28 de junio tienen previsto un bloque trans en plan satírico con una representación de un transexual entre un político y un psiquiatra con los que tiene que hacer teatro para conseguir a través de un certíficado médico sus derechos. Un cambio de filosofía en el movimiento trans que se ejemplifica con el juego de palabras de euforia de género al que se hizo referencia en diversas ocasiones durante la jornada.

Vinculos con el movimiento queer

Guerilla Travolaka nace hace poco más de un año en Barcelona a partir de 5 activistas trans aunque actualmente la mayoría de sus militantes no són trans. La Acera de enfrente también nace en el mismo período y pretende conectar con los movimientos sociales más alternativos de Madrid. Aunque el grupo Guerrilla Travolaka actualmente está centrada en la reivindicación transexual trabajan  diferentes temas vinculados con la sexualidad y el género. En este camino les acompañan grupos como la Acera de Enfrente, incluído en el Bloke Alternativo o diferentes grupos incluidos en la Red Estatal Contra la Homofobia, en donde encontramos grupos como Maribolheras Precarias o Towanda. En el àmbito internacional destaca el contacto con los grupos de  Panteras rosas de Oporto, Lisboa y también de París, también en el ámbito internacional destacan espacios como Queeruption o la Universidad de verano Lgtb de Marsella.

Aunque destacan que no se definen como un grupo queer, tanto Missé como Colell señalan que la teoría queer es uno de sus referentes. “Existe una cierta sintonía pero precisamente nuestro objetivo es crear discurso fuera de los ámbitos académicos, en la vida cotidiana, y no desde los artículos académicos, aunque sí que hay sintonía, el ámbito de trabajo es muy diferente”, indica Collell.

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