Treinta años de la legalización de la primera asociación LGTB

Con la llegada de los años ‘80, las organizaciones de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (LGTB) dejaban de actuar en la clandestinidad. La primera en obtener reconocimiento oficial fue el Front d’Alliberament Gai de Catalunya que veía reconocida oficialmente su labor antirrepresiva y por los derechos de gays y lesbianas que realizaba desde 1975. La resolución llegó tras el recurso administrativo interpuesto por FAGC ante la negativa de legalizar la entidad por la vía política del ministro de Gobernación de Adolfo Suárez (UCD), Juan José Rosón. “La legalización del FAGC era uno de nuestros dos principales objetivos como organización, junto a la derogación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, que permitía perseguir legalmente a homosexuales bajo la dictadura fascista encabezada por Francisco Franco, lo que se consiguió en 1979. Ambos fueron motivo de sendas campañas de sensibilización”, afirma Armand de Fluvià, histórico del movimiento LGTB catalán y fundador del FAGC. 

“Ser legales nos permitió dejar de ser clandestinos y de usar los ‘nombres de guerra’ para usar los reales, tener amparo jurídico, convocar actos públicos y manifestaciones sin problemas y poder acabar de normalizar la situación de los gays en la sociedad catalana”, afirma De Fluvià, que cree que la importancia de la legalización va más allá del propio FAGC y afecta a todo el movimiento LGTB. Además, las campañas para conseguirlo permitieron integrar a los homosexuales, lesbianas y transexuales en el tejido social, ya que obtuvieron el apoyo de los partidos de izquierdas y movimientos con los que colaboraba (obrero, vecinal o feminista), que presionaron a su favor. También se implicó el mundo de la cultura, como el director de cine Ventura Pons, que realizó el documental Informe del FAGC en apoyo a su legalización. Para Eugeni Rodríguez, actual portavoz del FAGC, la legalización de esta entidad “marcó un antes y un después y ahora es un hecho irreversible que nadie cuestionaría”.

Pese a poder considerarse en realidad un “aniversario” para todo el movimiento gay, no ha contado con actos unitarios de conmemoración o de homenaje a sus fundadores y activistas. Tampoco ocurrió con el aniversario de la derogación de la Ley de Peligrosidad Social que llevó a cientos de homosexuales, por el mero hecho de serlo, a la prisión o a los llamados Centros de Educación de Homosexuales Masculinos (en Huelva y Extremadura) donde sufrieron palizas, violaciones y terapias aversivas con el objeto de ‘convertirles’ en heterosexuales. De Fluvià critica el olvido de las asociaciones LGTB de la memoria histórica del colectivo, “ni la FELGTB ni otras entidades han hecho nada para recuperarla”, afirma. La efeméride tan sólo fue conmemorada por el propio FAGC con una mesa redonda el 16 de julio, “sin demasiadas pretensiones y que sólo quería hacer un repaso histórico de lo que significó”, afirma Rodríguez, que lo define como “un acto emotivo y en familia”.

Más de 30 años de historia
La entidad decana del movimiento LGTB en el Estado tiene sus raíces en elMovimiento Español de Liberación Homosexual (MELH) que también surgió en Barcelona en 1970, de tendencia moderada, como las asociaciones LGTB de su época, y que se radicalizó al transformarse en FAGC. Esta entidad, conectada con los movimientos de la nueva izquierda y la liberación sexual de los ‘70, elaboró en 1975 el Manifiesto del FAGC, que contenía sus principales objetivos. Dos años después, se celebraba por primera vez el 28 de junio en el Estado español como día de la liberación LGTB. En los ‘70, el FAGC diseñó una estrategia, en la que el Front era el brazo político y reivindicativo, y el Institut Lambda, el brazo social y cultural. Además, favoreció la creación del Grup de Lluita per l’Alliberament de les Lesbianes para que éstas tuvieran también su espacio diferenciado, que las aproximara a las feministas por su doble discriminación: por lesbianas y por mujeres.

Hoy el FAGC sigue vinculado a los sectores más alternativos del movimiento gay y a los movimientos sociales, y tiene como principio la visibilización del deseo homosexual y la denuncia de la homofobia a través del Observatorio contra la Homofobia.

A favor y en contra de la legalización
El FAGC, en los ‘70, era un movimiento unitario que recogía a representantes de todo el espectro ideológico vinculados a la liberación homosexual, aunque centrado en la izquierda. Entre sus componentes había socialistas, comunistas, nacionalistas de izquierdas y anarquistas y antisistema. Eran estos últimos los que ponían en cuestión la necesidad de legalizarse, lo que entendían como una asimilación que cambiaba el objetivo de subvertir el sistema (referido en este caso especialmente al orden sexual establecido, aunque también a lo económico y lo social). “El sector más ácrata del FAGC veía la legalización como integración en el sistema y por eso la rechazaba. Con todo, el resultado es positivo, ser legal significa no estar al margen de la sociedad y tener una organización que les apoya, una situación en la que difícilmente se volverá atrás”, afirma Eugeni Rodríguez, portavoz del FAGC. Estas y otras diferencias dieron lugar a la creación de la Coordinadora de Col·lectius d’Alliberament Gai, de carácter más radical tanto en lo político, como en el de la teoría sobre la homosexualidad –hacían bandera de la provocación, la pluma y el trasvestismo– y que estuvo activo entre 1978 y 1980.

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