La Conselleria de Educación catalana cede parcialmente ante las movilizaciones

El conseller catalán de Educación, Ernest Maragall, que se ha mostrado implacable ante las protestas sindicales y ha llevado adelante la Ley catalana de Educación, ha cedido parcialmente en sus planes de cierre de centros educativos por falta de recursos y cuyos alumnos iban a ser reubicados en otros centros cercanos pero masificados. 

“Es más barato tener a todo el alumnado de un barrio concentrado en un macrocentro educativo, ya que solo mantienen un edificio, reducen profesorado, pero se perjudica la atención al alumno, a sus resultados y a la calidad de educación”, afirma Lluís de Gibert, profesor del Instituto de Educación Secundaria Miquel Tarradell, en el barcelonés barrio del Raval, uno de los tres centros que se ha salvado del cierre previsto, tras la movilización social. Además, se mantienen el Instituto Montjuïc, en Sants-Montjuïc, y el Flos i Calcat, en Nou Barris. Fuera de Barcelona también ha habido victorias parciales gracias, principalmente, a la movilización local y la mediación de los alcaldes implicados “ha sido el caso de Montcada i Reixach, Badalona i l’Hospitalet”, afirma Lluis de Gibert.

Aún están amenazados por el desmantelamiento los institutos de Collserola, Sant Martí de Provençals o Roger de Flor en Barcelona i, en Sant Adrià de Besós, del Fòrum 2004. Todos estos centros habían unificado sus reivindicaciones en la Coordinadora de Centros Afectados per la Supresión. Todos tienen características similares: están situados en barrios obreros y de inmigrantes y eran piezas clave en garantizar la igualdad de oportunidades más allá de las diferencias de clase debido a su modelo educativo.

En el caso del Miquel Tarradell, se elaboró un manifiesto que han secundado un total de 64 entidades del barrio que apoyan el mantenimiento de este centro y que han participado de múltiples acciones de protesta. “El barrio ha entendido que no es un problema laboral de profesorado, sino un agravio a la comunidad que no tienen las mismas condiciones que en otros barrios de Barcelona más acomodados como el Eixample y Sarrià”, afirma de Gibert. Con todo, “no bajaran la guardia”, ni admitirán nada que suponga a medio o largo plazo su desmantelamiento o un ataque a su modelo y mantendrán la solidaridad con los centros aún afectados por la supresión. De Gibert acusa a los sindicatos de querer apropiarse de una victoria que no han liderado. Unas centrales sindicales a las que critica por “inoperancia y pasividad” y señala que se han sentido “abandonados” por los sindicatos que no se han implicado en las movilizaciones más locales.

Un modelo de calidad

“El conseller afirmaba que los alumnos tan solo tenían que caminar unos minutos más para ir a otro instituto público del Raval, el Milà i Fontanals, pero el problema no es de distancia sino de modelo”, afirma de Gibert. “La mejora en el rendimiento académico, las competencias sociales y la autonomía personal, reconocidas dentro del curriculum y las leyes educativas, se realiza a partir de centros pequeños de un trato individualizado como el Tarradell”, indica Mariona González, psicopedagoga de este centro del Raval. Todo lo ligado a los macrocentros, “tiende a la despersonalización y tiene una repercusión directa en el rendimiento escolar”, añade. En este sentido, de Gibert, considera que el modelo que impulsa la administración “está basado en clases magistrales y centros masificados” que “implicaría más casos de fracaso escolar y marginalidad”.

En un centro como el Tarradell con un 98% de alumnos extranjeros, muchos de ellos están aquí desde hace menos de dos años, “se trata de no disminuir sus posibilidades porque no dominen las lenguas del país”, indica González. En primer lugar, cuentan con un plan de trabajo para aprender castellano y catalán, pero, al mismo tiempo “el trato individualizado genera confianza en unos alumnos que de otro modo abandonarían los estudios”, señala la psicopedagoga.

Es más, “el curso pasado un plan de evaluación diagnóstica que concluyó que el Tarradell es uno de los centros de Barcelona con más aprobados en secundaria”. No en vano este instituto del Raval obtuvo el Premio Catalunya Educació 2005 como un referente educativo, en calidad y adaptado al alumnado. “Es un centro que acerca a los alumnos a su entorno y activan la integración de sus familias y que les implica en actividades en el tejido asociativo del barrio”, añade González. Para ella este no es un modelo a aplicar sólo en el Raval sino un modelo general para todo el alumnado. En un sistema educativo masificado sólo progresan “los que ya lo tienen más fácil en la sociedad” y elude el papel de la educación para reducir las desigualdades sociales.

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