La indignación no llega al colectivo lgtb

El empresariado de locales y servicios destinados a lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (lgtb) se apropian del 28 de junio, una fecha reivindicativa para este colectivo, para uso comercial. 

ARTÍCULO DE OPINIÓN.

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Recientemente todos hemos asistido en el Estado español al movimiento de los indignados que surgió, tras meses de preparación, en una primera manifestación el 15 de mayo y una segunda el 19 de junio de este año. Esta protesta nace contra los excesos del capitalismo y las carencias de nuestra democracia y ha confirmado su éxito el pasado 19 de junio con manifestaciones multitudinarias por todo el territorio español. Su indignación va contra los políticos y banqueros: contra unos por no controlar los excesos del capitalismo, y contra los otros por ser los máximos protagonistas de esos excesos. Un espíritu que ha recorrido toda la sociedad y que parece que despierta simpatías en más del 70% de la población según la mayoría de las encuestas, que desean mayor democracia y una sociedad que ponga límites a la avaricia del capitalismo que nos ha llevado a la crisis. ¿Ha llegado al colectivo lgtb esta indignación? Es de suponer que si, al menos referido a su espíritu general, pero a veces parece que no, en lo que se refiere a su propio ámbito. Repasemos los hechos ocurridos en Barcelona para entender el porqué.

El 19 de junio, tras una multitudinaria manifestación el 15 de mayo, llega a la capital catalana otra aún más multitudinaria, 75.000 personas según los datos más bajos, 275.000 según los convocantes. Los ciudadanos, que parecían dormidos y resignados a un futuro peor, se rebelan y muestra su insatisfacción. En la manifestación del 25 de junio, día de la liberación lgtb, organizada por las entidades más politizadas y reivindicativas vinculadas a la Comissió Unitaria del 28 de juny, no se ve que esa indignación se haya trasladado a este movimiento. Participan, a penas, entre 1.500 y 5000 personas, según la fuente que se consulte. Tal vez carencias de la comisión de este tema de la Acampada de Barcelona, tal vez falta de capacidad de conexión del movimiento lgtb con el colectivo que representa, tal vez la sensación -impulsada por medios, políticos y empresarios lgtb- que todo está conseguido y solo queda que celebrarlo año tras año, ayuden a ello. El 26 de junio, el Pride, evento organizado por los empresarios lgtb, y a la que se adhieren también muchas entidades que tienen un papel claramente secundario, solo hay que mirar el programa, consigue entre 5.000 y 10.000 participantes, según la fuente que se consulte.

Un momento de la manifestación del orgullo lgtb en Barcelona

El Pride se celebra desde hace sólo tres años, en cambio la manifestación reivindicativa tienen 34 años de antiguedad, Barcelona fue la primera ciudad en España en que se produjo, incluso antes que en la capital del Estado. En años anteriores la cita de la Comissió Unitaria, cuando no existía el Pride, o incluso cuando ya estaba en marcha, había recogido, según la fuente que se consulte, entre 4.000 y 20.000 personas. ¿Que ha pasado para que se produzca este bajón de participación? A parte de los efectos desmovilizantes del puente de Sant Joan, hay que tener en cuenta la ceremonia de confusión orquestada -desde hace tres años- que no distingue las dos convocatorias, (el Pride no convoca a la manifestación reivindicativa, por ejemplo, cuando sin reivindicación previa no habria Pride) y da a entender a muchos que la manifestación lgtb es el Pride (ya que tienen muchos más recursos publicitarios y la fuerza de sus locales para anunciar sólo su convocatoria).

Todo parece indicar que los gays, el gran público del Pride y que participan en cantidades mayores que lesbianas o transexuales, no se han indignado con los excesos de “su” capitalismo. El empresariado lgtb, reunido en ACEGAL (Associación Catalana de Empresas para Gays y Lesbianas) se ha apropiado de la fecha reivindicativa conviertiéndola en una excusa más para el consumo y la promoción de sus empresas. Esto lo llevan a cabo, además, haciendo el vacío a las entidades más luchadoras que participan en la Comissió Unitària del 28 de juny, con lo que hacen un flaco favor a los derechos del colectivo lgtb, que no serán defendidos por ACEGAL, ya que su entidad, legítimamente, defiende los intereses del empresariado lgtb, no los del colectivo lgtb.

Esto es, en definitiva, una “reapropiación capitalista” de una fecha reivindicativa: en convertirla más en un producto de consumo que en un espacio reivindicativo de los derechos lgtb. Una fecha que, a mi entender, debería de ser organizada en exclusiva por las entidades (sin ánimo de lucro y que trabajan por los derechos del colectivo lgtb) que son las que nos han llevado a este nivel de normalización como colectivo. Si se visita la web del Pride de Barcelona , se nota quien decide, quien define y quien diseña el programa de actividades que se ponía disposición del público. En la web se explica, en un apartado secundario- que el Pride no es solo fiesta -hace falta aclararlo-, y es verdad, no es solo fiesta: hay más actividades, pero si que se puede decir que es “sobretodo fiesta”, las actividades no festivas o destinadas al consumo son claramente secundarias y cuentan con menos promoción.

Un recuento rápido de de fiestas en discotecas, y actos culturales (curiosa denominación dada a los actos de las asociaciones que participan): dan un total de 25 fiestas y 13 actos culturales y asociativos, ¿queda claro quien es el protagonista? Además es clave el espacio de las actividades de las entidades, claramente secundario, -las asociaciones solo aparecen en el final, después de Spanair y su “compromiso” con el Pride, aunque nadie les recuerde reivindicando los derechos del colectivo lgtb. No se trata, por supuesto, de que no haya fiestas, un motivo como cualquier otro de alegría y posibilidad de conocer nuevas personas, sino de que estas no han de tener el papel predominante en una fecha reivindicativa. No deja de resultar lamentable que antes aparezcan los patrocinadores que las asociaciones, solo hay que mirar el libreto. De hecho, hay que buscar explícitamente a las asociaciones para encontrarlas en la web, ya que, por si alguien lo dudaba, no son las protagonistas. Claro, dirán algunos, “qui paga mana”, pero es que esto no debería de ser un acontecimiento comercial, sino predominantemente político, ahí radica la crítica que se hace desde este artículo.

Unos banqueros y corporaciones demasiado avariciosas

Unos banqueros, unos políticos, unas grandes corporaciones demasiado avariciosas, eso es, en resumen, lo que criticaban los indignados del 15-M, que quieren profundizar en la democracia y en que el bien social predomine sobre el lucro privado, y por eso cuentan con gran apoyo social, en un afan más “reformista” que “antisistema”. El mismo espíritu que guía al autor de este artículo.

La voluntad de quien escribe no es cuestionar la legimitidad de los empresarios (dedicados a público lgtb en este caso) a generar actividades que les den ingresos, un hecho totalmente legítimo y moralmente incuestionable. Una actividad, por otra parte, que ya se produce en infinidad de acontecimientos, a parte de en su actividad diaria: los Eurogames, Circuit Festival, Festival de Cinema LGTB de Barcelona, el Bearcelona, etc. Ni tan siquiera se trata de estigmatizar al colectivo empresarial (en este caso lgtb) y atribuirle el “pecado original” de no ser capaz de reivindicar en pro del colectivo al que pertenece y que es su cliente. Ni si quiera se pretende decir que sólo capaces de buscar el interés económico. El activismo lgtb no tiene porque ser exclusiva de las entidades sin ánimo de lucro creadas a tal fin, un empresario o empresaria pueden contribuir decisivamente y ser más activista que muchos de los clientes habituales de sus locales o servicios, por ejemplo desde el patrocinio y un discreto segundo plano, que cede el protagonismo a la reivindicación. Dos claros ejemplos de ello se han producido la semana pasada en la Universitat Progresista d’Estiu de Catalunya (UPEC) y la Mostra de Cinema Gai i Lèsbic organizada por el Casal Lambda, donde, pese a contar con patrocinadores, estos han sabido permanecer en un segundo plano: aparecen al final de los libretos y dejan la organización de las actividades en manos de las entidades sin ánimo de lucro. El resultado final mantiene el perfil reivindicativo de los acontencimientos con el apoyo, ¿porque no?, de los empresarios, eso si, secundario y al final.

Un momento de la manifestación del orgullo lgtb en Barcelona

El problema, lo que se denuncia y critica en este artículo no es el qué (que los empresarios tengan derecho a generar sus ingresos o a implicarse en la reivindicación lgtb) sino el cómo (que se apropien del 28 de junio). Un empresario lgtb puede puede participar en una manifestación, pero sin voluntad de acapararla, puede, como ya se ha dicho, patrocinar, aportar capacidad de organización y recursos, pero (como parte de su responsabilidad social corporativa) lo debe hacer sin esperar hacerse publicidad, ni generar ingresos por ello. Puede ser legítimo que patrocine los actos del 28 de junio, pero no que los monopolice, ni que saque carrozas de promoción de su local o servicios (que se hace con una clara voluntad de sacar rédito económico que se acerca más la utilización del evento que a la responsabilidad social). Tampoco es legítimo que en el programa del Pride se anuncien decenas de fiestas en discotecas que redundaran en la mejora de sus ingresos, y encima no se convoque a la manifestación reivindicativa.

Enlazando con la crítica del 15-M, nadie critica que se genere actividad económica y haya ánimo de lucro, sino que este domine la organización social, haga perder derechos sociales y provoque una crisis económica sin precedentes. Aquí radica la crítica, que no es una critica radical, sino una critica indignada, por la dignidad de la reivindicación gay: no podemos ser el único movimiento social que convierte su día anual en una operación comercial, nos jugamos nuestros derechos. ¿Alguien imagina un día de la mujer, no solo patrocinado por Ausonia, Woman Secret o la revista Diez Minutos, sino también organizada por estas grandes empresas en la que convoquen a decenas de fiestas en discotecas para que sus organizadores generen ingresos y captar más clientes? ¿O que la manifestación del 11 de septiembre, día nacional catalán, estuviera organizada por empresas de incuestionable catalanidad como La Caixa o Gas Natural que aprovecharan la ocasión para conseguir más usuarios? ¿Verdad que no?

Indignación gay, orgullo indignado

Y esto entronca de nuevo, esta crítica, con el 15-M porque los indignados critican el excesivo poder de las corporaciones y el abuso en su voluntad legítima de obtener beneficios, y que reniega de ser responsables socialmente. Hay tiempo para todo, señores y señoras. No creo que nadie cuestione la legitimidad de la convocatoria de fiestas en discotecas y que esto genere beneficios y trabajo, pero sí convertir un día que debe de ser reivindicativo (con la que se nos cae encima, con el más que probable gobierno del PP), en un nuevo espacio de mercadeo: en una mercancía. ¿O serán los empresarios los que defenderán el matrimonio gay cuando Mariano Rajoy, si gana, lo elimine, tal y como anunciado? ¿O es que ACEGAL trabaja para que la homosexualidad se aborde en la enseñanza y se introduzca en la asignatura Educación para la ciudadanía? ¿O es la que denuncian la discriminación social y aportan visibilidad cómo hace el Observatori Contra la Homofobia? Ni lo hacen, ni se espera de ustedes, ni es su función. Por tanto, en este artículo se demanda que sepan ocupar su legítimo espacio y que no se apropien de lo que no es suyo: la reivindicación.

Deberían dejar, en mi modesta opinión, el protagonismo y la organización de los actos del 28 de junio a las asociaciones aunque puedan patrocinar y aportar recursos como parte de su responsabilidad social corporativa, siempre sin dirigismos y sin protagonismos. Es más, incluso pueden montar sus “tinglados” comerciales, posteriormente a la fecha de la reivindicación, sin que se solape a ella, como ya se hacen con los pride de Sitges, o de muchas otras poblaciones o muchos otros festivales o eventos destinados al colectivo lgtb que ya funcionan excelentemente desde un punto de vista comercial. El negocio, señores de ACEGAL, también puede estar una semana después sin solaparse con las entidades que organizan históricamente el 28 de junio: gente con ganas de ir a una discoteca a conocer a nuevas personas siempre habrá, no entorpezcan la acción de las entidades más reivindicativas.

Un momento de la manifestación de los indignados del 19 de junio en Barcelona

Aunque también, cabe criticar a según que entidades que se suman sólo al Pride -que no son todas puesto que muchas convocan a las dos marchas- ya que dice mucho de su capacidad de crítica, al permitir que les arrebaten su legítimo espacio y su protagonismo, su derecho a organizar desde un punto de vista social y no comercial la celebración del 28 de junio. Esto da que reflexionar, ¿estas asociaciones que sólo se suman al Pride, nos defenderán en caso de un nuevo ejecutivo más homofóbico? Esperemos que si, pero no las tengo todas conmigo.

De hecho, al igual que el 15-M ponen en duda el papel de sindicatos o partidos por parecer que defienden más los intereses de las corporaciones y los mercados, en este artículo se cuestiona a estas entidades -las que sólo se suman al Pride- por ser incapaces de reclamar mayor protagonismo en una fecha que es, le pese a quien le pese, política y con contenido social: forma parte de la dignidad perdida, y que nos debería indignar. Cabe recordar que se rememora que los gays de Nueva York hace 42 años se rebelaron contra los abusos policiales dando lugar a dos semanas de altercados que hizo florecer al movimiento gay moderno. Y no se recuerdan patrocinadores, ni fiestas de discoteca, por muy legitimas que estas sean. Además, la mercantilización del 28 de junio debilita nuestra reivindicación ante la sociedad y la convierte en algo superficial: en una inofensiva fiesta en tiempos que se prometen complicados. Las empresas destinadas al público lgtb deben, a mi entender, reflexionar y ceder el protagonismo a las entidades, un protagonismo que sí tenían apenas sí hace tres años.

Indignaos!

La crítica no se puede quedar sólo en el empresariado, mientras el colectivo lgtb no se indigne por lo que pasa. La critica de este artículo es también para los miembros de un colectivo lgtb adormecido que debe indignarse. Nada impedía, pese a al solapamiento de actividades del Pride, participar el sábado 25 de junio en la manifestación reivindicativa y el 26 en el Pride, haciendo convivir fiesta y política de forma ejemplar. Los datos cantan e indignan: 1.500 personas el sábado, y 5.000 el domingo, si cogemos las referencias menos optimistas. Insisto, ¿Alguien se imagina una marcha del día de la mujer dividida entre la que montan empresas y entidades y que la patrocinada por Ausonia o Woman Secret consiguiera más seguidores? Seria indignante, ¿verdad? Pues eso es lo que pasa con la manifestación lgtb del 28 de junio de la cual el colectivo lgtb nos tenemos que re-apropiar como herramienta política, ya que hemos sido, nosotros mismos como colectivo, los que hemos renunciado a esto para aceptar su mercantilización ¿O es que tendrá que llegar Rajoy y su homofobia para que los miembros del colectivo lgtb nos repolitizemos? Hace no tanto, antes del 15-M, nos sorprendíamos de que los españoles no se quejaran ante un 20% de paro, transfiero la cuestión al asunto de este artículo: ¿que tiene que pasar para movilizar al colectivo más allá de la verbena? ¿Nos tenemos que ver con el agua en el cuello? ¿Tenemos que ver como despojan del matrimonio a 23.000 gais y lesbianas? ¿Debe, tal vez, cambiar el movimiento lgtb y usar nuevas formas de comunicación para llegar a donde el ninguneo del empresariado lgtb o los medios les impide?

Ninguna conquista social está garantizada sino se lucha por ella. Indignaos

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