“El estrés o la ansiedad laboral pueden derivar en patologías cardíacas, músculares y de salud mental”

  • “La clase social y el género son dos factores determinantes en la exposición a riesgos psicosociales en salud laboral”
  • “Sólo un 10% de las empresas realizan evaluación o algún tipo de acción preventiva al respecto, estamos hablando de un dato muy bajo ya que este tipo de riesgos están presentes en todas las empresas”
  • Entrevista íntegra a Neus Moreno, responsable de Salud Laboral del Instituto Sindical de Trabajo Ambiente y Salud (ISTAS) de CCOO
Neus Moreno, tècnica de l'ISTAS

Neus Moreno, tècnica de l'ISTAS

Muchas veces en nuestro entorno tener un jefe autoritario, el acoso moral o sexual o sobrecarga de trabajo o estrés se vive como algo “natural”, como parte inevitable de nuestra vida laboral. La ansiedad, el estrés, las contracturas, el dolor de espalda, la depresión, los trastornos psicosomáticos, alérgicos o cardiovasculares o el síndrome de estar quemado no son efectos inevitables de la “vida moderna”. Si tienen un origen laboral, son evitables y su prevención debe de dar lugar a cambios en la organización del trabajo o en un liderazgo tóxico. En nuestro país falta conciencia sobre hasta que punto las relaciones laborales pueden ser lesivas desde el punto de vista psicológico, de la salud y social: son los llamados riesgos psicosociales. Menor aún es el conocimiento de que se tiene derecho a incidir en esto, según lo establecido por la Ley de Prevención de Riesgos Laborales de 1995. Neus Moreno, que lleva años trabajando en este ámbito como técnica del ISTAS, cita la Memòria d’activitats dels Serveis de prevenció de 2007 de la Generalitat, elaborado a partir de las memorias anuales de los servicios de prevención externos, que señalan que sólo un 10% de las empresas realizan evaluación o algún tipo de acción preventiva al respecto, “estamos hablando de un dato muy bajo ya que este tipo de riesgos están presentes en todas las empresas”.

El apartado psicosocial sólo está evaluado por un 32% de las empresas en el ámbito estatal, cuando el total que evalúa otros riesgos es del 76%, según datos del Informe técnico de la incidencia de los riesgos psicosociales de 2008, elaborado por el Observatorio Permanente de los Riesgos Psicosociales, vinculado a la Unión General de Trabajadores (UGT). Los datos de la Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo de 2007, del Ministerio de Trabajo, reducen este dato a tan sólo un 14%. ¿Que datos sobre las evaluaciones y actuaciones en prevención de riesgos psicosociales son los más fiables? Los datos consultados dan resultados dispares.

No hay datos exhaustivos al respecto porqué que muchas veces cuando estamos hablando de encuestas sobre prevención de riesgos laborales significa que responde sólo el empresario con lo que existe la posibilidad de sesgo en los datos ya que no están contrastados. En el ámbito catalán la fuente que puedo citar de mayor fiabilidad es la Memòria d’activitats dels Serveis de prevenció de 2007 que realiza la Generalitat anualmente a partir de las memorias de actividades anuales de las empresas de servicios de prevención de riesgos laborales externos. Este informe señala que si bien un 47,9% dispone de técnicos capacitados en el ámbito de ergonomía y psicosocial, sólo un 10% de las empresas realizan evaluación o algún tipo de acción preventiva al respecto. Estamos hablando, por tanto, de un dato muy bajo ya que este tipo de riesgos están presentes en todas las empresas.

¿Por qué no se realiza actividad preventiva en el ámbito psicosocial?

Los riesgos psicosociales son los que incomodan más a la patronal, más que otros factores de riesgo para la salud laboral, porque estamos hablando de los efectos en la salud de la organización del trabajo y de, tal vez, la necesidad de generar cambios en esta estructura. La evaluación y prevención de riesgos psicosociales puede cuestionar las prácticas de gestión que existen en las empresas. La ley obliga a modificar todas las condiciones de la organización del trabajo que, después de una evaluación científica, tengan efectos negativos sobre la salud de los trabajadores. Y todo esto se tiene que hacer, además, con la participación de los sindicatos y los trabajadores. En este sentido, son posiblemente los riesgos cuya evaluación más molestan a los empresarios, ya que son los que más pueden actuar sobre su forma de dirigir una empresa.

¿Falta voluntad política para controlar el desarrollo de esta faceta de la prevención de riesgos laborales?

El problema es que el número de inspectores es muy bajo y ha crecido muy poco en comparación con la normativa y cantidad de leyes que han de vigilar o el incremento de situaciones de abuso con el incremento de inmigrantes, que son muy vulnerables, o con la nueva normativa derivada de la ley de igualdad. Seria lógico que la Inspección creciera más, pero no lo hace. Por otra parte una intervención de la administración siempre es positiva para el trabajador. Aunque sí que falta voluntad política para dotar de más recursos a la Inspección de Trabajo para que controle estos factores.

¿Qué hacer para conseguir que se realice una evaluación de riesgos laborales psicosocial?

Hay que ir al sindicato para que realice la petición o al comité de seguridad y salud laboral en aquellas empresas con representación sindical y más de 50 trabajadores. Sino hay comité, una asamblea de trabajadores puede proponer la creación de un comité de salud o se puede ir al servicio de prevención externo a demandar que se evalúen los riesgos psicosociales. También existe la opción de que un trabajador solicite a la Inspección de Trabajo que se evalúen estos riegos a través de una denuncia.

¿Qué variables influyen a la hora de que se aborden los riesgos psicosociales?

Las empresas que desarrollan una mayor labor preventiva en riesgos psicosociales lo hacen o bien porque tienen representación sindical que consigue que sea una prioridad para la empresa, o bien por la actuación de la Inspección de Trabajo después de una denuncia. El factor sindical es el elemento fundamental, con lo que si su presencia es mayor en la mediana y gran empresa, el abordaje de los riesgos psicosociales es mayor en este tipo de empresas. Aunque en un país con mayoría de pymes y micro-empresas, deja a mucha gente sin cobertura por no tener representación sindical. También lo hacen aquellas empresas, que son muy escasas, que están estructuradas de forma que la participación es un valor positivo.

¿En qué criterios se basa la evaluación de los riesgos psicosociales?

Neus Moreno-Istas-CCOO-salud laboral

Neus Moreno, tècnica de l'ISTAS

Por una parte, entre los cuatro ámbitos existentes, tenemos, por una parte, el nivel de exigencias o demandas emocionales (o de esconder las emociones) o de trabajo; y, por otra, la posibilidad de control sobre las propias tareas, es decir, de incidir en como se hace tu trabajo. Además, también se tiene en cuenta el apoyo social que recibimos por hacer nuestro trabajo, tanto por parte de los trabajadores como de la dirección y la empresa. Es decir, si tenemos información suficiente o si cuando tenemos alguna dificultad en el trabajo se nos da solución o, también, si es previsible. Finalmente, también se analiza la recompensa o la compensación que obtenemos por el esfuerzo que se realiza en el trabajo: porque trabajar es un esfuerzo. Es decir, si esta recompensa es justa en comparación con la profesión que se desarrolla: qué recibes a cambio (es decir, que la categoría o el salario o contrato sean adecuados al trabajo que se realiza, o también qué condiciones laborales se tiene o cuál es el trato dispensado por compañeros y superiores). Por otro lado, la doble presencia es otra de las dimensiones de los riesgos psicosociales que se proyectan sobre la salud y afecta a aquellas personas sobre las que recae la responsabilidad de responder a las demandas de un núcleo familiar y el trabajo asalariado.

¿Qué grupos están más expuestos a riesgos psicosociales?

Nuestra experiencia y toda la bibliografía internacional concluye que la exposición a los riesgos psicosociales se distribuye de forma desigual entre la población a partir de dos grandes factores determinantes de clase social y el género. Las clases más bajas tienen acceso al trabajo menos cualificado y, por tanto, más perjudicial para la salud, como también pasa con la mujer que está expuesta a peores condiciones de trabajo. La doble presencia (laboral y familiar) afecta mayoritariamente a las mujeres. Desde el ISTAS tenemos un método que es sensible al genero, de las 20 dimensiones que analizamos en 16 de ellas la exposición de las mujeres es mayor que en los hombres. Esto quiere decir que sabemos que hay peores condiciones de trabajos.

¿Cuales son los principales efectos en la salud?

Un mal clima laboral puede producir ansiedad generalizada, estrés, el sindrome de estar quemado, casos de mobbing, acoso sexual, pero también absentismo. Esto puede derivar en patologías cardiovasculares y de salud mental, además de muchas enfermedades musuculo-esqueléticas.

 ¿Cómo afecta la posibilidad de participación en la empresa en los riesgos psicosociales?

Sabemos por estudios científicos que hay tres elementos que perjudican la salud laboral: tener una demanda y una carga laboral excesiva, que se pueda influir poco en cómo se realiza el trabajo y que esto se acompañe de poco apoyo social (de los jefes o de los compañeros). Esto es una bomba de relojería para el desgaste emocional y psicológico. Una cadena de montaje o un call center son dos ejemplos de este tipo de trabajo que genera riesgos psicosociales y que en España son muy abundantes.

En nuestro país hay una gran separación entre el que trabaja y el que dirige y diseña ese trabajo, y, por tanto, hay poca participación. En España no tenemos posibilidades de aportar, ni de ser valorados, ni aplicar lo que conocemos y esto afecta nuestro estado psicológico. En los países nórdicos y en la Europa Occidental la organización del trabajo es más participativa.

¿Tan grande es la diferencia en participación entre empresas españolas y del resto de Europa?

El ISTAS está integrado dentro de un movimiento internacional sobre prevención de riesgos laborales llamado CoPsoQ, originario de Dinamarca, que cuenta con un instrumento de evaluación de riesgos psicosociales que hemos adaptado a la realidad de aquí: es el CoPsoQ Istas 21. En ese marco, cada cinco años se realiza un encuesta sobre riesgos psicosociales en diferentes países europeos y si partimos de los datos de 2005, en España el nivel de participación de los mandos intermedios de nuestro país estaba igualado al de las categorías profesionales más bajas (menos cualificadas) de Dinamarca. El nivel de participación en el trabajo cotidiano es mucho más alto en aquel país, lo que repercute en una mejor salud laboral y en menores afecciones para la salud mental. La separación que existe entre quien piensa y quien ejecuta no es tan grande en otros países como en el nuestro. Aquí, muchas veces, no tenemos posibilidades de aportar, ni de ser valorados, ni aplicar lo que conocemos y esto afecta nuestro estado emocional y psicológico. La capacidad de pensar y hacer propuestas es inherente a las personas, y en el trabajo a veces parece que se tenga que dejar la cabeza en casa.

¿Como afectan las últimas reformas laborales a la participación?

Desde el punto de vista de salud laboral, lo mejor es tener un horario regular y pensado para los usos sociales del tiempo, que permita tener una vida social y familiar más allá del trabajo y que esto sea posible a diario. Con la reforma laboral la escasa participación de los trabajadores en la organización del trabajo se ha reducido ya que el empresario dispone de más libertad -sin consulta ni participación de los empleados ni sus representantes- para organizar los horarios, la producción y la movilidad.

Antes has hablado del necesario apoyo social en el trabajo para crear un buen entorno laboral, pero ¿éste también debe de ser de los compañeros, no sólo de los jefes?

Un ambiente competitivo también puede ser negativo para la salud laboral y suponer un riesgo psicosocial. En determinados ambientes laborales o profesiones muy masculinizados “ser un machito” y “aguantar” situaciones con mucha presión es visto como muestra de ser “duro” e incluso de ser buen trabajador, aunque esto tiene perjuicios en la salud a largo plazo. Esta situación también se puede producir en ambientes con mucha presencia de universitarios donde la “profesionalidad” es vista como la capacidad de resistencia, competitividad y dedicación al trabajo. Aunque nada sale gratis y a la larga les afecta en su salud.

Por otro lado, ver la “adaptación” a una situación con mucha presión, exigencia, estrés y carga de trabajo cómo profesionalidad es como pretender que un ruido fuerte y persistente que se produce en una cadena de montaje no afecta y el trabajador se puede adaptar a él. Tal vez sino lo oye sea porqué se está quedando sordo. A los riesgos no te adaptas, sólo los soportas. Aunque no se perciba en un primer momento, la exposición permanente a un riesgo psicosocial acaba afectando a la salud a largo plazo. Para prevenir los riesgos psicosociales hay que actuar sobre su origen y, por tanto, es necesario cambiar la organización del trabajo, siempre partiendo de la evidencia científica.

Se acusa a las empresas de cumplir formalmente con planes de prevención que después no aplican, de hacer evaluaciones mal hechas o de hacerlas y no aplicar ninguna medida preventiva.

Esto nos pasa en riesgos psicosociales pero también en otros ámbitos de la prevención. No tiene sentido, aunque ocurre, que se elaboren evaluaciones de riesgos laborales si, posteriormente, no se realiza un actividad preventiva y para minimizar los riesgos. El objetivo final de la evaluación es saber qué riesgos se producen en una determinada empresa y qué posibilidades de actuación hay. En riesgos psicosociales hay más evaluación que actuación de prevención.

Neus Moreno, tècnica de l'ISTAS

Con todo, cabe decir que estamos instalados en una cultura de la prevención que ha priorizado la seguridad contra los accidentes laborales por lo que los otros riesgos no se han considerado tan importantes para la salud. Las intervenciones, desde que tenemos la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, se han relacionado con la seguridad en el trabajo y han tenido el objetivo de evitar los accidentes laborales. En empresas donde hay tasas de accidentes laborales muy elevadas los otros riesgos se han considerado secundarios, aunque tampoco se ha desarrollado la prevención del ámbito psicosocial en aquellas empresas en las que los temas de seguridad no son importantes y no tienen una accidentalidad elevada por el tipo de actividad que desarrollan. En muchas ocasiones, los riesgos psicosociales se abordan a partir de conflicto ya existente.

Además, muchas veces cuando se llevan a cabo hay una diferencia de criterio sobre que actuaciones desarrollar. Por ejemplo, la mayoría de empresas cuando dicen que han realizado algún tipo de intervención respecto a los riesgos psicosociales se suelen referir a cursos de formación de gestión del estrés, técnicas de coaching, de gestión del tiempo, etc. No se realiza una intervención sobre el origen del riesgo para minimizarlo, sino sobre las personas y sobre el individuo, a los que, de alguna manera, se responsabiliza plenamente de sus problemas. Si en nuestro trabajo tenemos muchas exigencias ya se puede formar a los trabajadores para ser más rápidos que, en definitiva, la raíz del problema es que se tienen muchas carga de trabajo y eso se debe cambiar. La intervención sobre la personalidad y psicología del individuo el coaching contrasta con la evidencia científica, con lo que se hace en el resto de Europa, y con la ley. Sólo con cursos no se soluciona el origen problema y, a la larga, acaba afectando a la salud del trabajador.

Además, prevenir no consiste en enseñar a cumplir las exigencias de la empresa aunque estas sean excesivas. Ésta es la visión que interesa a la patronal: actuar más sobre los factores individuales que los sociales o de organización del trabajo. La evaluación nos dice qué riesgos tenemos para posteriormente minimizarlos, y hacerlo sobre el origen y en el ámbito psicosocial supone cambiar la organización del trabajo. El problema no son las personas, ni las personalidades.

En otros ámbitos de la prevención se actúa de la misma manera. Por ejemplo, a partir de la utilización de un sonómetro sabemos la cantidad de decibelios que hay en un centro de trabajo para ver si es aceptable o no, y después se tiene que investigar porque la maquinaria produce ese ruido o si el diseño de la nave hace que el ruido aumente. Posteriormente se debe actuar para minimizar ese riesgo con cambios en la empresa. El psicosocial no es un ámbito diferente en este sentido.

¿La correcta evaluación y prevención de riesgos psicosociales tiene efectos sobre la productividad de la empresa ?

El objetivo final de la prevención de riesgos laborales es la mejora de la salud de los trabajadores, pero también tiene unos claros efectos colaterales positivos para el rendimiento de la empresa,ya que genera mayor productividad. Los responsables de recursos humanos son conscientes de que no se produce igual cuando un trabajador desarrolla su labor motivado y con ganas, que cuando se va a la empresa “asqueado”. Se equivocan los empresarios que crean que hay mayor productividad de otra manera.

La prevención de riesgos psicosociales, ¿es más cara?

No tienen porque ser más cara. La evaluación se realiza a partir de cuestionarios, entrevistas y dinámicas de grupo. Hay disponibles online diferentes herramientas validadas científicamente. Las medidas preventivas tampoco tienen porque ser más caras que en otros ámbitos de la prevención laboral. Por ejemplo, organizar la jornada laboral con una distribución más social que permita disponer del propio tiempo para el cuidado de la familia o de tiempo personal de ocio no supone ningún gasto. Las opciones son diversas, desde una jornada intensiva por turnos o que se trabaje dos o tres tardes y no todas. En empresas de atención al publico que están abiertas hasta las siete u ocho no tienen porque tener a todos los trabajadores en el centro de trabajo hasta esa hora: se pueden combinar horarios. Otra opción es dar un margen de entrada de una hora, al igual que a la salida. En sectores como el de hostelería, donde las jornadas son interminables, podrían tener una planificación mucho más social de su jornada que permitiera al trabajador un uso más racional de su tiempo. Estos son cambios con una gran repercusión en la salud laboral y no tienen coste alguno.

Neus Moreno, tècnica de l'ISTAS

Neus Moreno, tècnica de l'ISTAS

En el caso del textil donde el factor de la doble presencia es muy importante, ya que en muchos casos trabajan mujeres de mediana edad. Esto tiene claros efectos sobre la salud ya que genera situaciones de ansiedad y estrés a través de la acumulación exigencias: laborales y familiares. Una empresa que tiene una jornada partida dificulta que un trabajador con cargas familiares lo compatibilice con sus roles familiares. Un horario más social -jornada intensiva por ejemplo- tiene una gran repercusión y coste cero.

Por otro lado, el resultado de una evaluación de riesgos psicosociales puede detectar una sobrecarga de trabajo y la medida preventiva a tomar sería que las jornadas interminables tienen que dejar de ser habituales. Tal vez, desde el punto de vista de algunos empresario, esto puede parecer caro, pero depende de la cultura empresarial que se tenga. Las horas extras sin remunerar no eran más que un regalo que hacía el trabajador al empresario y, por tanto, no era, ni podía ser, la base de su negocio.

Más información

Només el 32% de les empreses avaluen els riscos psicosocials als centres de treball

Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud

Copsoq Istas 21, versión 1.5 

Por experiencia, revista del ISTAS

¿Qué prácticas empresariales generan un entorno saludable?

¿Cómo se concreta una gestión más democrática del trabajo? 

Prevención 10, instrumento preventivo para empresa de 10 o menos trabajadores

Informe “Exposición laboral a riesgos psicosociales en la población asalariada española”

La organización del trabajo no es intocable

“La organización del trabajo no es intocable” o al menos esto explica un folleto explicativo del ISTAS que señala que “constantemente se realizan cambios para adaptarse a las exigencias productivas”. Además, añade, que “se trata de diseñar una organización del trabajo más saludable, más justa y democrática”. “El estrés es el precursor de la enfermedad y que los problemas de salud que anuncian pueden ser muy diversos: desde enfermedades cardiovasculares hasta trastornos de salud mental y musculo-esqueléticos pasando por problemas gastrointestinales, entre muchos otros”, se afirma en el artículo ¿Qué prácticas empresariales generan un entorno saludable?, del número 49 de la revista PorExperiencia, del ISTAS. En ese mismo artículo se critica la individualización de la responsabilidad para superar el estrés: “Las terapias, los cursos o la medicación para combatir el estrés son técnicas de tratamiento, no de prevención en origen. La prevención pasa por identificar las exposiciones desfavorables para la salud por medio de la evaluación específica de los riesgos psicosociales”. Finalmente, se advierte en este artículo que “sin esos cambios, las personas seguirán desempeñando su actividad laboral en condiciones no saludables y volverán enfermar, a pesar de que un tratamiento médico suponga una mejora momentánea en su estado de salud”.

Los asalariados españoles están más expuestos a los riesgos psicosociales

El 41% de los trabajadores españoles no pueden decidir sobre cuestiones elementales en su puesto de trabajo, el 30% tienen contratos temporales, el 18% han recibido amenazas de despido y el 14% se les hace sentir que son fácilmente reemplazables. Además, un 70% tienen salarios por debajo de las horas que trabajan y un 10% por debajo de su categoría, a parte de que el 22% trabaja más de 40 horas semanales y un 80% tiene horarios asociales que dificultan compatibilizar vida personal y familiar (horario partido, turnos rotativos o de noche y horarios irregulares). Estos son datos de un encuesta liderada por el ISTAS y elaborada por las Universidades de Barcelona, Valencia y la Pompeu Fabra, citada en el artículo ¿Qué prácticas empresariales generan un entorno saludable?, de la revista PorExperiencia del ISTAS.

Por otra parte, según el informe Exposición laboral a riesgos psicosociales en la población asalariada española afirma que la exposición a riesgos psicosociales es más elevada en España que en el resto de Europa. Según este estudio e tejido productivo español “está constituido mayoritariamente por empresas especializadas en productos y servicios poco sofisticados, cuya actividad principal son las tareas de ejecución” con “unas prácticas de gestión autoritarias (…) muy arraigadas” que fomentan “la competitividad individual” y dificultan “el desarrollo de las relaciones sociales saludables entre compañeros de trabajo”. El informe también señala la clase social y el género como grupos más expuestos a los riesgos, así como también los inmigrantes y los jóvenes.

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